Descubre la fascinante vida y obra de Arquímedes de Siracusa, el mayor científico, matemático e ingeniero de la Antigüedad. Mucho más allá de la famosa leyenda de su grito «¡Eureka!» en la bañera, su verdadero legado cambió el rumbo de la humanidad para siempre. Desde el fundamental Principio de Arquímedes y las bases del cálculo integral, hasta el diseño de aterradoras máquinas de guerra que desafiaron al todopoderoso Imperio Romano. Sumérgete en la historia de la ciencia y conoce al genio helenístico que sentó los cimientos de la física y la tecnología modernas casi dos milenios antes que Galileo y Newton.
I. Introducción
Hay científicos que definen una época. Hay otros que definen varias. Arquímedes de Siracusa pertenece a esta segunda categoría: un matemático, físico e ingeniero del siglo III a. C. cuyo trabajo anticipó métodos que la humanidad tardó otros diecisiete siglos en redescubrir de manera sistemática. Su nombre es hoy sinónimo de genialidad repentina —el «¡Eureka!» gritado en una bañera—, pero reducirlo a esa anécdota es una injusticia histórica de proporciones considerables.
Arquímedes nació en Siracusa alrededor del año 287 a. C. y murió en la misma ciudad en el 212 a. C., cuando las legiones del general romano Marco Claudio Marcelo la tomaron tras un asedio de casi tres años. En ese intervalo de aproximadamente setenta y cinco años, formuló los fundamentos de la hidrostática, estableció los principios de la palanca con rigor matemático, calculó el valor de π con una precisión que no sería superada en Occidente hasta el siglo XVI, desarrolló un método proto-integral para calcular áreas y volúmenes de figuras curvas, y diseñó máquinas de guerra que mantuvieron a raya al ejército más poderoso del Mediterráneo.
Su relevancia hoy no es meramente histórica. El principio que lleva su nombre aparece en el diseño de barcos, submarinos, globos aerostáticos, medidores de densidad y equipos médicos. Sus métodos matemáticos son el antecedente directo del cálculo integral que Newton y Leibniz formalizarían diecinueve siglos después. Y su figura, la del científico que aplica el pensamiento abstracto a problemas concretos con resultados espectaculares, sigue siendo el arquetipo del genio creador en la cultura occidental.
Este artículo recorre su vida, su obra y su legado con el rigor que merece uno de los más grandes intelectos de la historia humana.
II. Contexto histórico y cultural
2.1 La Grecia helenística: entre Atenas y el Mediterráneo
Arquímedes no vivió en la Grecia clásica de Pericles y Sócrates, sino en el período helenístico, la fase que siguió a las conquistas de Alejandro Magno (336–323 a. C.). Tras la muerte del macedonio, su vasto imperio se fragmentó entre sus generales —los diádocos—, dando lugar a reinos que, aunque políticamente rivales, compartían el griego como lengua franca del conocimiento y el comercio. Fue una época de síntesis cultural sin precedentes: el pensamiento griego absorbió influencias egipcias, babilónicas y persas, y el resultado fue una explosión intelectual que convirtió el Mediterráneo oriental en el centro mundial del saber.
La ciencia helenística era, ante todo, griega en su método: deductiva, geométrica, obsesionada con la demostración formal. Pero se alimentaba de datos empíricos acumulados durante siglos por las civilizaciones orientales, especialmente en astronomía y matemáticas. Arquímedes es el producto más acabado de esa síntesis: un geómetra griego de rigor impecable que aplica su inteligencia a problemas del mundo físico.
2.2 Siracusa: ciudad griega en suelo siciliano
Siracusa fue fundada por colonos corintios alrededor del año 734 a. C. y se convirtió en la mayor y más próspera ciudad griega de Occidente. Ubicada en la costa sureste de Sicilia, su posición estratégica la situó en el centro de las tensiones entre Cartago, Roma y el mundo griego. En el siglo III a. C., bajo la tiranía ilustrada de Hierón II (270–215 a. C.), vivió un período de relativa paz y prosperidad que permitió el florecimiento de las artes y las ciencias.
Hierón II fue un mecenas inteligente que comprendió el valor político y militar del conocimiento técnico. Su relación con Arquímedes, probablemente un pariente lejano según algunas fuentes, no era solo la del gobernante que financia al sabio: el rey formulaba problemas concretos —¿cómo detectar si una corona de oro ha sido adulterada con plata?— y el matemático los resolvía con métodos que trascendían la pregunta original para convertirse en principios universales.
2.3 La Biblioteca de Alejandría y la red del saber antiguo
Aunque Arquímedes vivió y trabajó en Siracusa, su formación intelectual pasó en buena medida por Alejandría, la ciudad fundada por Alejandro en el delta del Nilo en el 331 a. C. La Biblioteca de Alejandría, el Museion y el Serapeion constituían en aquella época el mayor complejo de investigación y conservación del conocimiento del mundo antiguo, con colecciones que se estima contenían entre 400.000 y 700.000 rollos de papiro.
Allí Arquímedes estudió con los discípulos de Euclides y trabó una amistad intelectual duradera con Eratóstenes de Cirene —el mismo que calculó la circunferencia de la Tierra con notable precisión— y con Conón de Samos, astrónomo y matemático al que dedicó varios de sus tratados. Esta red de correspondencia entre sabios dispersos por el Mediterráneo fue el equivalente antiguo de una comunidad científica internacional: los problemas circulaban en forma de cartas, los métodos se debatían a distancia y los resultados se publicaban como tratados formales.
2.4 El papel del mecenazgo real en la ciencia griega
La ciencia helenística no existía en el vacío: dependía del patrocinio de los reyes. Los Ptolomeos en Egipto, los Seléucidas en Asia, Hierón II en Siracusa: todos comprendieron que el conocimiento científico y técnico era un instrumento de poder. Las máquinas de guerra de Arquímedes no eran el producto de un genio excéntrico encerrado en su torre de marfil, sino la respuesta de un matemático comprometido con la supervivencia de su ciudad. La ciencia antigua era, al mismo tiempo, teoría pura y herramienta política.
III. Vida y biografía de Arquímedes (c. 287 a. C. – 212 a. C.)
3.1 Nacimiento, familia e infancia en Siracusa (c. 287 a. C.)
Las fuentes antiguas sobre la vida de Arquímedes son escasas y en ocasiones contradictorias. La principal fuente biográfica es Plutarco, quien escribió su Vida de Marcelo siglos después de los hechos, aunque basándose en fuentes anteriores. Según esta tradición, Arquímedes nació en Siracusa alrededor del año 287 a. C. Su padre, Fidias, era astrónomo, lo que sugiere que el entorno familiar era culto e inclinado hacia las disciplinas matemáticas y observacionales.
Algunas fuentes antiguas, entre ellas Plutarco en su Vida de Marcelo, insinúan que Arquímedes estaba emparentado y era amigo del rey Hierón II de Siracusa. Si esta afiliación es cierta explicaría la estrecha relación entre el matemático y el gobernante, así como el acceso privilegiado que Arquímedes tuvo a recursos y problemas de Estado. Sin embargo, la evidencia es circunstancial y no debe darse por definitiva.
3.2 Formación en Alejandría: maestros e influencias
Siendo joven, Arquímedes viajó a Alejandría para estudiar con los sucesores de Euclides. Aunque no se sabe con exactitud cuánto tiempo permaneció en la ciudad, la huella de esta formación es inequívoca en su obra: el rigor axiomático-deductivo de sus demostraciones, la forma de estructurar sus tratados, la familiaridad con los resultados matemáticos de sus predecesores, todo apunta a una educación alexandrina sólida.
En Alejandría conoció a Conón de Samos, matemático y astrónomo a quien consideraba su amigo más querido. Varias de las obras de Arquímedes están dedicadas a Conón o escritas en forma de carta dirigida a él, lo que ofrece una imagen inusualmente personal del científico: un hombre que compartía sus descubrimientos con entusiasmo, que disfrutaba plantear problemas a sus colegas antes de revelar la solución, y que valoraba profundamente la comunidad intelectual. También mantuvo correspondencia con Dositeo de Pelusion y con Eratóstenes de Cirene.
3.3 Regreso a Siracusa y método de trabajo
Tras su formación alejandrina, Arquímedes regresó a Siracusa, donde pasó el resto de su vida. A diferencia de muchos intelectuales helenísticos que permanecían vinculados a las instituciones alejándrinas, Arquímedes eligió el ambiente más pequeño y familiar de su ciudad natal. Esta aparente renuncia al centro del mundo intelectual no lo aisló: sus obras circularon por todo el Mediterráneo helenístico y su fama se extendió tanto en Oriente como en Occidente.
Las fuentes antiguas coinciden en describir a Arquímedes como un hombre de concentración extraordinaria, capaz de olvidar comer y beber cuando estaba inmerso en un problema matemático. Plutarco cuenta que con frecuencia debía ser arrastrado a la fuerza al baño y que trazaba figuras geométricas en las cenizas de la chimenea o en el aceite de su piel recién ungida. Sea o no literal, esta imagen captura algo esencial sobre su modo de trabajar: para Arquímedes, las matemáticas no eran una actividad separada de la vida, sino la textura misma de su existencia intelectual.
3.4 Relación con Hierón II y el poder político
La relación entre Arquímedes y Hierón II fue una de las más fecundas de la historia de la ciencia. El rey planteaba problemas prácticos y el matemático los transformaba en principios generales. El episodio más famoso es el de la corona de oro: Hierón encargó una corona al orfebre real y sospechó que este había sustituido parte del oro con plata. Encomendó a Arquímedes que determinara si la corona era pura sin dañarla.
La solución, según la tradición transmitida por el arquitecto romano Vitruvio, llegó en el baño. Al sumergirse en la bañera, Arquímedes observó que el nivel del agua subía en proporción a la parte de su cuerpo que quedaba sumergida. Comprendió de inmediato que podía usar este principio para medir el volumen de la corona: un cuerpo irregular desplaza un volumen de agua igual al suyo propio. Comparando el desplazamiento de la corona con el de una masa igual de oro puro, podría detectar cualquier adulteración. La emoción del descubrimiento fue tal, dice Vitruvio, que salió corriendo desnudo por las calles de Siracusa gritando «¡Eureka!» —en griego, «¡Lo he encontrado!»—. Sin embargo, los historiadores de la ciencia modernos señalan que medir la diferencia de volumen de agua desplazada entre una corona adulterada y una de oro puro habría sido prácticamente imposible con la precisión necesaria, dada la tensión superficial del agua. El método que Arquímedes usó realmente fue probablemente el de la balanza hidrostática: pesar la corona en el aire y luego sumergida en agua, y comparar la pérdida de peso aparente con la de una masa igual de oro puro. Este procedimiento, coherente con su propio principio de flotabilidad, fue explorado por Galileo en su tratado La bilancetta (1586).
3.5 Correspondencia con otros sabios del mundo antiguo
Uno de los textos más reveladores sobre el método científico de Arquímedes es el tratado conocido como El método, dirigido a Eratóstenes. En él, el siracusano describe su procedimiento de descubrimiento, que es diferente del de demostración formal: primero usa argumentos mecánicos —imagina figuras geométricas como objetos físicos que pueden pesarse y equilibrarse en una balanza— para intuir los resultados, y solo después los demuestra mediante el método de agotamiento. Este texto se perdió durante siglos y fue redescubierto en 1906 en un palimpsesto de Constantinopla, lo que revolucionó la comprensión moderna del pensamiento de Arquímedes.
IV. Aportes a la física y la mecánica
4.1 El principio de Arquímedes: empuje, flotabilidad y demostración
El principio de Arquímedes es quizás el resultado científico más conocido de la antigüedad: todo cuerpo sumergido total o parcialmente en un fluido experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido desplazado. Este enunciado, que hoy parece casi intuitivo, es el fundamento matemático de la hidrostática.
Arquímedes lo formuló y demostró en su tratado Sobre los cuerpos flotantes, el primer texto de mecánica de fluidos de la historia. La demostración parte de principios geométricos y razonamientos de equilibrio: si un cuerpo sumergido en agua experimentara un empuje diferente al peso del fluido desplazado, se produciría un movimiento que contradice la condición de reposo del fluido, lo que es absurdo. La elegancia del argumento es característica de Arquímedes: usa una hipótesis de reducción al absurdo para derivar la única conclusión posible.
Aplicaciones modernas del principio: El principio de Arquímedes es la base del diseño naval (un barco flota porque desplaza un peso de agua igual a su propio peso), de los submarinos (que regulan su profundidad alterando su densidad media mediante tanques de lastre), de los globos aerostáticos (que ascienden porque el aire caliente interior pesa menos que el aire exterior desplazado), de los densímetros utilizados en enología y en medicina, y de múltiples aplicaciones en ingeniería hidráulica y biomédica.
4.2 La ley de la palanca y la teoría del equilibrio
Antes de Arquímedes, la palanca era un instrumento conocido y utilizado empíricamente desde la prehistoria. Arquímedes fue el primero en demostrar matemáticamente por qué funciona. En su tratado Sobre el equilibrio de los planos, establece que dos cuerpos están en equilibrio cuando sus pesos son inversamente proporcionales a sus distancias al punto de apoyo (fulcro). Es decir: peso × distancia = peso × distancia, a ambos lados de la palanca.
«Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.» — Frase atribuida a Arquímedes (versión de Pappus de Alejandría, siglo IV d. C.)
Esta afirmación, que suena a hipérbole poética, es en realidad una consecuencia rigurosa de la ley de la palanca: dado un brazo de palanca suficientemente largo, cualquier fuerza, por pequeña que sea, puede equilibrar cualquier peso, por grande que sea. Arquímedes comprendió que la palanca no es solo una herramienta: es la expresión material de una verdad matemática sobre la proporcionalidad y el equilibrio.
Para demostrar su teoría al rey Hierón, Arquímedes organizó una demostración pública espectacular: usando un sistema de poleas compuestas y palancas, movió por sí solo un barco mercante completamente cargado que normalmente requería el esfuerzo de decenas de hombres. El rey quedó tan impresionado que, según Plutarco, exclamó: «Desde este día, Arquímedes puede decir lo que quiera.»
4.3 Centro de gravedad y estática
El mismo tratado Sobre el equilibrio de los planos introduce el concepto matemático de centro de gravedad: el punto de un cuerpo donde, si se aplica una fuerza vertical, el cuerpo permanece en equilibrio. Arquímedes calculó los centros de gravedad de figuras planas como el triángulo, el trapecio y los segmentos de parábola, anticipando desarrollos que la física moderna retomaría en el siglo XVII.
Estos trabajos constituyen la fundación de la estática —la rama de la mecánica que estudia los cuerpos en equilibrio—, y su influencia sobre Galileo, Stevin y Newton fue directa y documentada.
V. Contribuciones a las matemáticas
5.1 La aproximación de π: el método de polígonos
El número π —la relación entre la circunferencia de un círculo y su diámetro— era conocido aproximadamente desde la antigüedad. Los egipcios usaban el valor 256/81 ≈ 3,16; los babilonios usaban 25/8 = 3,125. Arquímedes fue el primero en calcular π con un método sistemático y en acotar el error de la aproximación.
Su método, descrito en el tratado Medición del círculo, consiste en inscribir y circunscribir polígonos regulares en torno al círculo: el perímetro del polígono inscrito es menor que la circunferencia, y el del circunscrito es mayor. Al aumentar el número de lados, los polígonos se aproximan al círculo y los dos perímetros convergen hacia el mismo valor. Con polígonos de 96 lados, Arquímedes estableció que:
3 + 10/71 < π < 3 + 1/7, es decir: 3,1408… < π < 3,1428…
Esta acotación, lograda sin cálculo algebraico moderno sino mediante pura geometría y aritmética de fracciones, no fue superada en precisión en el mundo occidental hasta que el matemático chino Zu Chongzhi, en el siglo V d. C., obtuvo el valor 355/113 ≈ 3,14159265…
5.2 El método de agotamiento: precursor del cálculo integral
El método de agotamiento fue desarrollado originalmente por Eudoxo de Cnido en el siglo IV a. C., pero fue Arquímedes quien lo perfeccionó y lo aplicó con una versatilidad y una potencia que no tendrían parangón hasta Newton y Leibniz. El método consiste en aproximar una figura curvilínea mediante una sucesión de figuras recilíneas (polígonos, rectángulos) cuya área puede calcularse exactamente, y demostrar que la diferencia entre la figura curva y la aproximación puede hacerse tan pequeña como se desee.
En términos modernos, es una anticipación del concepto de límite y de la integral definida. Arquímedes lo aplicó para calcular el área del círculo (igual a π r²), el área de la parábola, el volumen de la esfera, el volumen del cono y de otros sólidos de revolución. En cada caso, la demostración sigue el mismo patrón: se establece la cantidad a calcular como el único valor que no puede ser ni demasiado grande ni demasiado pequeño, usando un doble argumento por reducción al absurdo.
5.3 Áreas y volúmenes: la esfera y el cilindro
El resultado matemático del que Arquímedes estaba más orgulloso, según el testimonio de Plutarco, era la relación entre la esfera y el cilindro circunscrito. Si se inscribe una esfera en un cilindro de tal manera que la esfera toca las dos bases y la superficie lateral del cilindro, entonces el volumen y el área superficial de la esfera son exactamente dos tercios de los del cilindro.
En términos modernos: si la esfera tiene radio r, su volumen es (4/3)πr³ y su área superficial es 4πr². El cilindro circunscrito tiene radio r y altura 2r, luego su volumen es 2πr³ y su área superficial total es 6πr². La relación es exactamente 2/3 en ambos casos. Arquímedes quedó tan satisfecho con este descubrimiento que pidió que una esfera inscrita en un cilindro fuera grabada en su tumba, deseo que Cicerón encontró cumplido cuando identificó el sepulcro siglos después.
5.4 La cuadratura de la parábola
En el tratado La cuadratura de la parábola, Arquímedes demuestra que el área de un segmento parabólico (la región delimitada por una parábola y una cuerda) es igual a cuatro tercios del área del triángulo inscrito con la misma base y la misma altura. La demostración usa una serie geométrica infinita: el segmento se divide en triángulos progresivamente más pequeños cuya suma total converge a ese valor exacto.
Este resultado es notable por dos razones. Primero, porque implica la suma de una serie infinita convergente, un concepto que la matemática formal no formalizaría hasta el siglo XVII. Segundo, porque el propio Arquímedes ofrece dos demostraciones distintas del mismo resultado: una mecánica (usando el principio de la palanca con figuras geométricas imaginadas como objetos físicos) y otra geométrica pura (usando el método de agotamiento). La coexistencia de ambos métodos ilustra su genio metodológico.
5.5 El palimpsesto de Arquímedes: «El método» redescubierto
En 1906, el filólogo danés Johan Ludvig Heiberg identificó en Constantinopla un manuscrito medieval que resultó ser un palimpsesto: un pergamino del que se había raspado el texto original para escribir encima un texto religioso. Bajo la escritura medieval, los filólogos recuperaron textos de Arquímedes, entre ellos el tratado conocido como El método (o Método de los teoremas mecánicos), que estaba perdido desde la antigüedad.
El método es un documento extraordinario: en él, Arquímedes explica a Eratóstenes no solo sus resultados, sino cómo los descubrió. Describe un procedimiento heurístico —de descubrimiento, no de demostración— en el que imagina figuras planas como objetos físicos que se pesan en una balanza mental. Aunque reconoce que este método no constituye una demostración rigurosa, le permite intuir los resultados correctos antes de demostrarlos formalmente. Se trata del documento más antiguo en el que un matemático reflexiona explícitamente sobre su propio proceso de creación.
El palimpsesto fue subastado en Christie’s en 1998 por 2 millones de dólares y actualmente se conserva en el Walters Art Museum de Baltimore, donde ha sido analizado con tecnología de imagen multispectral que ha permitido recuperar fragmentos adicionales del texto original.
VI. Inventos y desarrollos tecnológicos
6.1 El tornillo de Arquímedes
El tornillo de Arquímedes es un dispositivo para elevar agua (u otros materiales) de un nivel inferior a uno superior. Consiste en una hélice encerrada en un cilindro inclinado: al girar la hélice, el agua queda atrapada en las cavidades entre las espiras y asciende por el cilindro hasta verterse por la parte superior.
Según la tradición, Arquímedes lo inventó durante su estancia en Egipto, donde fue utilizado para drenar las bodegas de los barcos y para la irrigación de campos agrícolas. La leyenda cuenta que lo diseñó para extraer el agua que entraba en el casco del gran navío Siracusia, construido por Arquías de Corinto por encargo de Hierón II. Sea cual sea su origen preciso, el tornillo de Arquímedes es uno de los inventos más longevos de la historia: versiones prácticamente idénticas al diseño original siguen utilizándose en la actualidad en plantas de tratamiento de aguas residuales, en la industria minera y en turbinas de generación eléctrica.
6.2 Sistemas de poleas compuestas
Arquímedes no inventó la polea, pero desarrolló sistemas de poleas compuestas (polipastos) que multiplicaban la fuerza aplicada por un factor arbitrariamente grande. La demostración ante Hierón II del barco cargado movido con un esfuerzo mínimo es el ejemplo más famoso, pero los principios que aplicó eran los mismos que luego utilizaría en las máquinas de defensa de Siracusa.
La comprensión teórica del sistema de poleas de Arquímedes está directamente relacionada con su ley de la palanca: una polea móvil divide el peso entre dos segmentos de cuerda, lo que equivale a una palanca con brazo doble en el lado de la resistencia. Combinando varias poleas móviles, la fuerza necesaria para mover una carga se reduce en un factor proporcional al número de poleas empleadas.
6.3 Las máquinas de guerra: la garra y las catapultas
La fama de Arquímedes como ingeniero militar se forjó durante el asedio romano de Siracusa (214–212 a. C.), cuando diseñó una serie de máquinas defensivas que desconcertaron y aterrorizaron a las fuerzas de Marcelo. Entre ellas destacan dos ingenios especialmente notables.
El primero es la garra de Arquímedes (también llamada «zarpa» o «mano de hierro»): un dispositivo de brazo articulado montado en las murallas del puerto que podía lanzarse sobre los barcos enemigos, enganchar su proa y levantarla hasta que la nave quedaba casi en posición vertical, para luego soltarla bruscamente y hundirla. Las fuentes antiguas —Polibio, Livio, Plutarco— describen este artefacto con un asombro que aún resulta palpable dos mil años después.
El segundo es una familia de catapultas y balistas calibradas para distintas distancias, que permitían a los defensores de Siracusa cubrir sin lagunas toda la franja costera accesible a los atacantes. Según Plutarco, los soldados romanos llegaron a un punto en que, al ver aparecer cualquier objeto sobre las murallas, huían presas del pánico gritando que Arquímedes volvía a lanzar una máquina contra ellos.
6.4 El espejo ardiente: historia y debate
La tradición atribuye a Arquímedes el diseño de un gran espejo (o conjunto de espejos) que concentraba la luz solar sobre los barcos romanos y los incendiaba. Esta historia, popularizada en la Edad Media, ha generado un debate histórico que continúa en la actualidad.
Las fuentes más antiguas y fiables —Polibio, Livio, Plutarco— no mencionan en absoluto el espejo ardiente. La historia aparece por primera vez en fuentes tardías (Galeno, Luciano y, siglos después, Tzetzes). En el siglo XX, varios equipos de investigadores intentaron reproducir el efecto experimental: los resultados han sido mixtos. El experimento del MIT de 2005 logró incendiar una réplica de madera de barco, pero solo bajo condiciones muy controladas de sol directo y el barco inmóvil durante varios minutos. Los experimentos del programa MythBusters llegaron a la conclusión de que el espejo ardiente es probable que sea una leyenda, aunque técnicamente factible en condiciones ideales.
6.5 La esfera armilar y el planetario mecánico
Cicerón describe, con evidente admiración, un instrumento mecánico construido por Arquímedes que reproducía los movimientos de los cuerpos celestes: el Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos en la antigüedad. Este dispositivo —un tipo de planetario o orrery mecánico— fue llevado a Roma por Marcelo como botín de guerra y se conservó durante generaciones.
El mecanismo de Anticitera, descubierto en un naufragio griego en 1901 y datado en torno al 100–150 a. C., es el ejemplo más sofisticado que ha sobrevivido de este tipo de tecnología. Aunque no es obra de Arquímedes, es contemporáneo y pertenece a la misma tradición técnica que él representaba. Su existencia confirma que los ingenieros del período helenístico eran capaces de construir mecanismos de relojería de una complejidad extraordinaria.
VII. Arquímedes en la guerra: la defensa de Siracusa
7.1 La Segunda Guerra Púnica y el asedio romano (214–212 a. C.)
La muerte de Hierón II en el año 215 a. C. desencadenó una crisis política en Siracusa. Tras un período de inestabilidad, la ciudad rompió su alianza tradicional con Roma y se alineó con Cartago, la potencia que en ese momento parecía estar ganando la Segunda Guerra Púnica gracias a la genialidad militar de Aníbal. Roma respondió enviando una flota y un ejército al mando del cónsul Marco Claudio Marcelo, un general experimentado y ambicioso.
Marcelo esperaba tomar Siracusa rápidamente, tanto por tierra como por mar. La ciudad era grande pero, desde el punto de vista romano, no debería resistir mucho tiempo ante el poderío militar de la república. Lo que Marcelo no había calculado es que Siracusa contaba con Arquímedes.
7.2 Las máquinas de defensa y su impacto en el asedio
El asedio de Siracusa se prolongó durante casi tres años, de 214 a 212 a. C. Las máquinas de Arquímedes convirtieron lo que debería haber sido una operación relativamente rápida en una campaña larga y frustrante. Las catapultas de largo alcance impedían que los barcos romanos se acercaran al puerto. La garra volcaba las naves que lograban aproximarse. Los muros estaban equipados con troneras de distintas alturas que permitían disparar sobre el enemigo en cualquier posición sin exponer a los defensores.
Plutarco describe el estado de ánimo en el campamento romano con una imagen memorable: Marcelo comenzó a llamar a Arquímedes «Briareo geométrico» —comparándolo con el gigante mitológico de cien brazos— y bromeaba amargamente que el siracusano usaba sus barcos como cubos con los que sacar agua. Pero bajo el humor había una realidad militar seria: las pérdidas romanas eran considerables y el asedio se había convertido en un bloqueo a larga distancia.
7.3 El relato de Polibio, Livio y Plutarco
Los tres historiadores principales que narran el asedio ofrecen perspectivas complementarias. Polibio, el más cercano en el tiempo a los hechos y el más seco en su estilo, enfatiza el valor estratégico de las máquinas. Tito Livio, escribiendo en el siglo I a. C., añade detalles dramáticos y subraya el contraste entre la genialidad individual de Arquímedes y el poderío colectivo de Roma. Plutarco, en su Vida de Marcelo, es el más detallado sobre las máquinas específicas y el más interesado en la dimensión humana del genio.
Los tres coinciden en un punto esencial: las máquinas de Arquímedes retrasaron significativamente la caída de Siracusa. Cuando la ciudad finalmente cayó en el 212 a. C., no fue por un asalto frontal sino porque Marcelo aprovechó una fiesta local —las Artemisias— durante la cual los defensores estaban distraídos, y sus tropas escalaron las murallas en un punto no vigilado.
7.4 La caída de Siracusa
La caída de Siracusa fue un momento de enorme significación histórica y cultural. Marcelo permitió el saqueo de la ciudad pero, según Plutarco, ordenó específicamente que no se dañara a Arquímedes y que se lo llevara ante él. Los soldados que irrumpieron en la casa del matemático —o que lo encontraron en la calle trabajando en un problema— no obedecieron o no supieron reconocerlo. La tradición recoge que, en ese momento final, Arquímedes solo atinó a dirigirse al soldado con las palabras que se harían legendarias: «Noli turbare circulos meos» —No estropees mis círculos—, trazados en la arena frente a él. La muerte de Arquímedes a manos de soldados romanos fue un accidente de guerra, pero también el símbolo de algo más profundo: el choque entre una civilización que valoraba el conocimiento abstracto y un poder militar que valoraba la conquista.
VIII. La muerte de Arquímedes y su significado simbólico
8.1 Las versiones de las fuentes clásicas
Existen al menos tres versiones distintas de la muerte de Arquímedes, transmitidas por fuentes antiguas. La más famosa es la de Plutarco: un soldado romano entró en la habitación de Arquímedes mientras este estaba trazando figuras geométricas en el suelo. El matemático, sin levantar la vista, le pidió al soldado que no le pisara los diagramas. El soldado, ignorando quién era y ofendido por la indiferencia, lo mató con su espada. En otra versión, también de Plutarco, Arquímedes iba de camino a ver a Marcelo llevando instrumentos matemáticos cuando unos soldados, creyendo que los instrumentos eran objetos de valor, lo mataron para robarlos. Una tercera versión, más austera, simplemente dice que fue muerto durante el saqueo sin más detalles.
8.2 «No molestes mis círculos»: verdad y leyenda
La frase «Noli turbare circulos meos» —No molestes mis círculos— es la versión latina de la última petición de Arquímedes al soldado que lo iba a matar. En griego, la versión más antigua es «μή μου τοὺς κύκλους τάραττε» (mē mou tous kyklous taratte). Esta frase, independientemente de su literalidad histórica, ha adquirido una resonancia cultural poderosa: encarna la imagen del científico tan absorto en su trabajo que resulta indiferente al peligro, la muerte y el mundo exterior.
Marcelo, según todas las fuentes, lamentó sinceramente la muerte de Arquímedes. Se negó a castigar al soldado —un hecho de armas no era un crimen en tiempo de guerra— pero organizó un funeral digno para el matemático y, se dice, cuidó a sus familiares sobrevivientes.
8.3 La tumba de Arquímedes y su redescubrimiento por Cicerón
Uno de los episodios más conmovedores de la historia de la ciencia ocurrió en el año 75 a. C., cuando Marco Tulio Cicerón era cuestor en Sicilia. Curioso por encontrar la tumba de Arquímedes, preguntó a los siracusanos por ella y descubrió que nadie sabía dónde estaba: la habían olvidado y abandonado en el descuido. Cicerón buscó entre la maleza en las afueras de la ciudad y finalmente la encontró, identificándola por la inscripción y por el emblema que había pedido el propio Arquímedes: una esfera inscrita en un cilindro.
El episodio que narra Cicerón en las Disputaciones tusculanas tiene una cualidad de fábula moral que trasciende la anécdota: la mayor ciudad griega de Occidente había olvidado la tumba de su ciudadano más ilustre, y fue necesario un romano aficionado a la cultura griega para rescatarla del olvido. La ironía histórica es perfecta.
IX. Obras y corpus escrito de Arquímedes
9.1 Catálogo de tratados conservados
De la producción total de Arquímedes, que debió ser considerable, han sobrevivido los siguientes tratados principales:
- Sobre la esfera y el cilindro (2 libros): demuestra que el volumen y el área de la esfera son dos tercios de los del cilindro circunscrito.
- Sobre la medición del círculo: aproximación de π mediante polígonos de 96 lados.
- Sobre los espirales: propiedades de la espiral que hoy lleva su nombre (espiral de Arquímedes).
- Sobre el equilibrio de los planos (2 libros): fundamentos de la estática y centros de gravedad.
- Sobre los cuerpos flotantes (2 libros): principio de Arquímedes e hidrostática.
- La cuadratura de la parábola: área del segmento parabólico.
- Sobre los conoides y esferoides: volúmenes de sólidos de revolución generados por secciones cónicas.
- El arenario (Psammites): sistema numérico para expresar números enormes; estima el número de granos de arena que cabrían en el universo.
- El método de los teoremas mecánicos (redescubierto en 1906): descripción del método heurístico de descubrimiento.
- El ganado de Helios (Problema del ganado): complejo problema de teoría de números transmitido en forma de epigrama.
9.2 Estilo matemático: rigor griego y demostración geométrica
El estilo de Arquímedes es inconfundible. Sus tratados siguen la estructura axiomático-deductiva establecida por Euclides: definiciones, postulados, y luego proposiciones demostradas con rigor absoluto. Pero dentro de esa estructura formal, hay una libertad y una creatividad que la hace diferente del estilo más didáctico de Euclides. Arquímedes no explica: demuestra. No da ejemplos: prueba casos generales. Y con frecuencia, la brevedad y la elegancia de sus argumentos son tales que el lector moderno, acostumbrado a la verbosidad matemática contemporánea, se queda sin aliento.
Una peculiaridad notable de su estilo es el uso de la double reductio ad absurdum: para demostrar que una cantidad A es igual a una cantidad B, demuestra separadamente que A no puede ser mayor que B (lo que llevaría a una contradicción) y que A no puede ser menor que B (otra contradicción), concluyendo que A = B. Este método, heredado de Eudoxo, es la base del método de agotamiento y una prefiguración del argumento del límite en el cálculo moderno.
9.3 Transmisión medieval: del árabe al latín y al palimpsesto
La transmisión de los textos de Arquímedes hasta la modernidad es una historia de accidentes, rescates y redescubrimientos. En la Antigüedad tardía, algunos textos fueron copiados y comentados en Bizancio. En el siglo IX, el matemático y patriarca de Constantinopla León el Matemático organizó una colección de textos de Arquímedes que se convirtió en la base de toda la tradición manuscrita medieval.
En el mundo islámico medieval, matemáticos como Thabit ibn Qurra (826–901) y Al-Quhi tradujeron y comentaron obras de Arquímedes. Estos textos árabes fueron luego vertidos al latín en la Europa medieval, donde Gerardo de Cremona (siglo XII) tradujo varios tratados. La primera edición impresa de las obras de Arquímedes en griego fue publicada en Basilea en 1544 por el humanista Thomas Gechauff Venatorius.
X. Pensamiento, filosofía y frases célebres
10.1 «¡Eureka!»: contexto, versiones y lo que realmente ocurrió
La palabra «eureka» —del griego εὕρηκα, «lo he encontrado»— se ha convertido en el sinónimo universal del momento de inspiración repentina. La historia que la originó, el episodio de la corona de oro y el baño, fue transmitida por Vitruvio en el libro IX de su tratado De architectura, escrito en el siglo I a. C., aproximadamente dos siglos después de los hechos.
Varios historiadores modernos han señalado dificultades técnicas con la historia tal como la cuenta Vitruvio: el método de desplazamiento de agua que describe habría requerido una precisión de medida muy difícil de obtener con los instrumentos de la época para detectar diferencias de densidad entre oro y aleaciones de oro y plata. Es más probable que Arquímedes usara un método más sutil, basado en comparar el empuje ejercido por la corona cuando está sumergida con el empuje de una masa igual de oro puro —esencialmente, una aplicación directa del principio hidrostático—. Pero la imagen del científico corriendo desnudo por las calles es demasiado buena para la historia cultural como para sacrificarla en el altar de la verosimilitud técnica.
10.2 «Dadme un punto de apoyo…»: alcance y significado
La frase sobre la palanca aparece por primera vez en el Synagoge (Colección matemática) de Pappus de Alejandría, matemático del siglo IV d. C., que cita a Arquímedes diciendo: «Dadme un lugar donde situarme y moveré la Tierra.» Pappus la presenta como una ilustración del poder de la palanca, no como una afirmación literal.
En su versión más conocida —»Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo»— la frase es una síntesis de siglos de tradición. Pero expresa con perfecta economía una idea matemática genuina: la amplificación indefinida de la fuerza mediante el brazo de palanca es una consecuencia directa de su teorema sobre el equilibrio. No es una hipérbole: es una extrapolación matemática.
10.3 Su concepción del conocimiento: demostración, intuición y método
El texto de El método revela una concepción del conocimiento científico más matizada de lo que sugiere la imagen del matemático puro. Arquímedes distingue claramente entre el contexto de descubrimiento —cómo se llega a un resultado nuevo— y el contexto de justificación —cómo se lo demuestra de manera rigurosa—. El método mecánico (el uso de la balanza imaginaria) pertenece al primer contexto; el método de agotamiento, al segundo.
Esta distinción prefigura debates que la filosofía de la ciencia retomaría con fuerza en el siglo XX: Hans Reichenbach, Karl Popper y los filósofos de la ciencia del siglo pasado debatieron exactamente sobre esta diferencia entre cómo se descubre y cómo se justifica el conocimiento científico. Arquímedes la practicaba dos mil años antes, con plena conciencia de su importancia epistemológica.
XI. Legado científico e influencia histórica
11.1 Recepción en el mundo islámico medieval
La preservación y transmisión del legado de Arquímedes no hubiera sido posible sin el trabajo de los matemáticos y traductores del mundo islámico medieval. Entre los siglos VIII y XII, la Casa de la Sabiduría de Bagdad y otros centros de saber islámicos tradujeron sistemáticamente la ciencia griega al árabe. Thabit ibn Qurra tradujo el tratado Sobre la esfera y el cilindro con comentarios propios. Ibn al-Haytham (Alhacén), en el siglo XI, extendió los métodos de Arquímedes para calcular volúmenes de nuevos sólidos. Omar Khayyam aplicó ideas arquimedianas en su trabajo sobre ecuaciones cúbicas.
Sin esta cadena de transmisión, una parte sustancial de la obra de Arquímedes se habría perdido para siempre. La Europa medieval latina conoció a Arquímedes principalmente a través de estas traducciones árabes, y su influencia en los matemáticos europeos de los siglos XII al XVI fue mediada en gran parte por el trabajo de los eruditos islámicos.
11.2 Influencia en Galileo, Kepler y la Revolución Científica
Galileo Galilei leyó a Arquímedes con devoción y lo consideraba su precursor intelectual más importante. En sus escritos juveniles, Galileo intentó reconstruir el método que Arquímedes habría usado para detectar el fraude de la corona (llegando a la idea de la balanza hidrostática). Su celebrado método de análisis matemático de los fenómenos físicos —formalizar los problemas en términos geométricos y resolver las ecuaciones resultantes— es esencialmente arquimediano en su espíritu. Galileo dijo explícitamente que Arquímedes fue el único antiguo que entendió la naturaleza de manera verdaderamente científica.
Johannes Kepler utilizó métodos de tipo arquimediano (sumas de figuras infinitesimales) para calcular los volúmenes de los toneles de vino, publicando sus resultados en Nova Stereometria Doliorum Vinariorum (1615). Este trabajo fue uno de los eslabones directos entre el método de agotamiento de Arquímedes y el cálculo integral de Newton y Leibniz.
11.3 Newton, Leibniz y la deuda con el método de agotamiento
Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz desarrollaron de manera independiente el cálculo diferencial e integral en la segunda mitad del siglo XVII. Ambos conocían perfectamente la obra de Arquímedes y eran conscientes de que estaban formalizando y generalizando métodos que el siracusano había empleado de manera brillante pero asistemática. Newton, en sus Principia Mathematica (1687), usa técnicas de límites que son directamente tributarias del método de agotamiento. Leibniz reconoció explícitamente la deuda con Arquímedes en varias de sus cartas.
En cierto sentido, el cálculo moderno es la respuesta a la pregunta que Arquímedes dejó abierta: ¿existe un método general para calcular áreas y volúmenes de figuras curvilíneas, que no requiera un argumento ad hoc para cada caso particular? La respuesta, que tardó diecinueve siglos en llegar, es el teorema fundamental del cálculo.
11.4 Aplicaciones actuales de sus descubrimientos
El legado de Arquímedes no es solo histórico: sus principios tienen aplicaciones directas en la tecnología contemporánea. El principio de Arquímedes es fundamental en el diseño naval, la ingeniería submarina, la aeronáutica (los zepelines y globos aerostáticos), los densímetros médicos y las básculas hidrostáticas. El tornillo de Arquímedes, en sus versiones modernas de acero inoxidable o polímeros de ingeniería, se usa en plantas de tratamiento de aguas residuales, en la industria alimentaria para transportar graneles y en turbinas de generación de energía hidráulica de baja caída.
Sus métodos matemáticos son la base del cálculo integral, que a su vez es la herramienta matemática central de la física, la ingeniería, la economía y prácticamente cualquier disciplina cuantitativa moderna. Cuando un ingeniero calcula el volumen de una pieza de geometría irregular, cuando un físico integra una ecuación diferencial, cuando un economista calcula el área bajo una curva de demanda, está usando —a través de la cadena de Newton y Leibniz— métodos que Arquímedes desarrolló hace veintitrés siglos.
XII. Arquímedes en la cultura popular
12.1 Literatura, cine y otras representaciones
Arquímedes ha aparecido en innumerables obras de ficción y divulgación a lo largo de los siglos. En la literatura, destaca El contador de arena (The Sand-Reckoner, 2000) de Gillian Bradshaw, novela donde Arquímedes es el protagonista central, ambientada en su regreso a Siracusa desde Alejandría. En el cine, aparece representado en varias producciones sobre la antigüedad clásica, aunque con frecuencia anacrónico o estilizado más allá de cualquier semejanza con el personaje histórico. Quizás la representación más entrañable en la cultura popular anglófona sea Arquímedes el búho sabio de la película animada de Disney La espada en la piedra (1963), basada en la novela de T. H. White, donde el nombre del ave sabia de Merlín es un guiño homenaje al matemático griego.
En el terreno de la divulgación científica, Arquímedes es un protagonista recurrente. Libros como The Archimedes Codex de Reviel Netz y William Noel (2007) han llevado la historia del palimpsesto y sus implicaciones matemáticas a audiencias no especializadas con notable éxito. La historia del palimpsesto redescubierto tiene todos los ingredientes de un thriller intelectual: manuscritos borrados, monjes medievales, pergaminos robados, subastas de arte y tecnología de imagen de última generación.
12.2 Mitos comunes y su desmontaje histórico
Varios mitos rodean la figura de Arquímedes que la historiografía moderna ha matizado o descartado. El primero es el del genio completamente solitario: en realidad, Arquímedes estaba inserto en una red densa de intercambio intelectual con otros matemáticos de su época, como evidencia su abundante correspondencia. El segundo es el del inventor práctico que desdeñaba las matemáticas puras: el propio Arquímedes, en El método, expresa una preferencia clara por el conocimiento teórico sobre el aplicado. El tercero es el del espejo ardiente que destruyó la flota romana: como hemos visto, la evidencia histórica y experimental es en el mejor de los casos ambigua.
12.3 Arquímedes como símbolo
Más allá de los detalles biográficos, Arquímedes funciona en la cultura occidental como símbolo del poder del pensamiento abstracto para transformar el mundo concreto. Su figura encarna la idea de que la matemática pura y la ingeniería aplicada no son actividades separadas sino dos modos de expresión del mismo tipo de inteligencia. En una época en que el debate sobre la utilidad de la ciencia básica frente a la ciencia aplicada ocupa foros políticos y presupuestos universitarios, la vida de Arquímedes ofrece el argumento más elocuente posible: el hombre que más profundamente pensó sobre círculos y esferas fue también el que mejor defendió su ciudad.
XIII. Curiosidades y datos sorprendentes
13.1 Anécdotas poco conocidas
Aunque el «¡Eureka!» y la palanca acaparan la atención, hay aspectos de la vida y obra de Arquímedes que son menos conocidos pero igualmente fascinantes. En El arenario (Psammites), por ejemplo, Arquímedes desarrolla un sistema numérico capaz de expresar el número de granos de arena que cabrían en el universo conocido. El número al que llega —10 elevado a 63— es extraordinariamente grande para un sistema sin notación posicional ni cero, y el ejercicio demuestra que Arquímedes comprendía perfectamente el concepto de infinito potencial y cómo manejar números de magnitud inimaginable.
Otro dato sorprendente: el Problema del ganado de Helios, atribuido a Arquímedes y transmitido en forma de epigrama griego, pide calcular el número de bueyes blancos, negros, jaspeados y amarillos de los rebaños del dios Sol bajo ciertas condiciones. La solución implica una ecuación diofantina de segundo grado cuyo número de soluciones fue calculado finalmente en 1965 con ayuda de un ordenador. El número más pequeño que satisface todas las condiciones tiene más de 200.000 dígitos.
13.2 Mitos comunes desmentidos
La historiografía moderna ha matizado varios aspectos de la imagen tradicional de Arquímedes. En primer lugar, es probable que el matemático no corriera desnudo por las calles de Siracusa: la historia del «Eureka» fue transmitida por Vitruvio más de dos siglos después de los hechos, y el detalle del desnudo puede ser una exageración retórica. En segundo lugar, la frase «No molestes mis círculos» puede ser una construcción literaria tardía antes que un recuerdo histórico. En tercer lugar, la relación directa de parentesco con Hierón II no está documentada en fuentes contemporáneas a los hechos.
Esto no significa que la figura de Arquímedes sea una construcción mítica: sus tratados matemáticos son perfectamente reales, están documentados y han sido verificados por matemáticos modernos. Pero la leyenda del hombre es, inevitablemente, más rica y colorida que el hombre mismo, como suele ocurrir con las figuras que adquieren dimensión simbólica.
13.3 El cráter Arquímedes y otros homenajes póstumos
La memoria de Arquímedes ha sido honrada de múltiples maneras a lo largo de la historia. En la Luna existe el cráter Arquímedes, un cráter de impacto de aproximadamente 83 kilómetros de diámetro situado en el Mare Imbrium, visible a simple vista en noches de luna llena. El asteroide 3600 Archimedes lleva también su nombre. En matemáticas, la espiral de Arquímedes (r = aθ), el axioma de Arquímedes (que establece la propiedad arquimediana de los números reales) y el sólido de Arquímedes (poliedros semirregulares) perpetúan su nombre en la nomenclatura formal de la disciplina.
El Fields Medal, el premio más prestigioso de las matemáticas, lleva en su anverso un retrato imaginario de Arquímedes (ya que no existe ningún retrato auténtico) y una inscripción en latín basada en una paráfrasis de su trabajo sobre la esfera y el cilindro. Es el único científico antiguo representado en el reconocimiento científico más alto de la matemática moderna.
XIV. Conclusión y apéndices
14.1 Los tres pilares del legado de Arquímedes
El legado de Arquímedes puede articularse en torno a tres dimensiones que, lejos de ser independientes, se refuerzan mutuamente. La primera es matemática: sus métodos para calcular áreas y volúmenes, su aproximación de π y su uso proto-integral del método de agotamiento son contribuciones que definieron el horizonte de las matemáticas durante siglos y apuntaron directamente hacia el cálculo moderno. La segunda es física: el principio de Arquímedes y la ley de la palanca son los primeros ejemplos de la historia de una física matemáticamente fundada, en la que las leyes de la naturaleza se expresan en forma de ecuaciones verificables. La tercera es tecnológica: sus inventos y máquinas demostraron que la comprensión matemática de las leyes físicas permite amplificar enormemente las capacidades humanas.
14.2 Reflexión final: por qué Arquímedes sigue inspirando
Arquímedes sigue siendo una figura de inspiración dos mil trescientos años después de su nacimiento por razones que trascienden la acumulación de logros. Lo que hace de él una figura inagotable es la forma en que encarnó la unidad del pensamiento: no había para él una separación entre la matemática pura y la aplicada, entre el pensamiento abstracto y el concreto, entre la teoría y la práctica. Cuando Marcelo lo llamó «Briareo geométrico», el elogio burlón capturaba sin quererlo una verdad profunda: Arquímedes era un monstruo de pensamiento, en el sentido griego más admirativo del término.
En una era de hiperespecialización, en la que el conocimiento científico se ha fragmentado en miles de subdisciplinas que apenas se comunican entre sí, la figura de Arquímedes representa un ideal que nunca ha perdido su atractivo: el del pensador que ve la unidad detrás de la diversidad, que aplica el rigor formal de las matemáticas a los problemas más concretos y urgentes de su tiempo, y que encuentra en esa aplicación no una traición a la pureza del pensamiento abstracto sino su más alta expresión.
14.3 Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué descubrió Arquímedes exactamente?
Arquímedes realizó descubrimientos en múltiples áreas: en física, formuló el principio de flotabilidad (principio de Arquímedes) y la ley de la palanca; en matemáticas, calculó π con notable precisión, desarrolló el método de agotamiento para calcular áreas y volúmenes, y estableció las relaciones entre la esfera y el cilindro; en tecnología, diseñó el tornillo que lleva su nombre y las máquinas defensivas de Siracusa.
¿Qué es exactamente el principio de Arquímedes?
El principio de Arquímedes establece que todo cuerpo sumergido total o parcialmente en un fluido experimenta un empuje (fuerza boyante) vertical y hacia arriba igual al peso del fluido desplazado. En términos simples: si un objeto desplaza más fluido de lo que pesa, flota; si desplaza menos, se hunde.
¿Por qué gritó «Eureka»?
Según la tradición transmitida por Vitruvio, Arquímedes comprendió cómo determinar si una corona de oro había sido adulterada con plata mientras se bañaba: al sumergirse, vio que el agua subía en proporción a su volumen sumergido, y entendió que podía usar el mismo principio para medir el volumen de la corona. La emoción del descubrimiento fue tal que, sin vestirse, salió corriendo a anunciar la noticia.
¿Cómo murió Arquímedes?
Murió en Siracusa en el año 212 a. C., durante el saqueo de la ciudad por las tropas romanas al mando de Marcelo. Las fuentes antiguas ofrecen versiones ligeramente distintas, pero coinciden en que fue muerto por un soldado romano en circunstancias accidentales; Marcelo había ordenado que no se le dañara.
¿Cuál fue su obra más importante?
Es difícil elegir una sola, pero muchos historiadores de la ciencia consideran que Sobre los cuerpos flotantes (por su fundación de la hidrostática) y Sobre la esfera y el cilindro (por la profundidad de sus métodos matemáticos) son sus obras más influyentes. El método, redescubierto en 1906, es el más revelador sobre su proceso de pensamiento.
¿Inventó Arquímedes el cálculo?
No en el sentido formal moderno, pero sí desarrolló métodos que son directos precursores del cálculo integral: el método de agotamiento, la suma de series infinitas y el uso del límite implícito en sus argumentos por reducción al absurdo. Newton y Leibniz, que lo conocían bien, están en deuda directa con su trabajo.
14.4 Bibliografía y fuentes principales
Fuentes primarias
- Arquímedes. Obras completas. Edición crítica de Johan Ludvig Heiberg, 1880–1881 (revisada 1910–1915).
- Plutarco. Vida de Marcelo. En Vidas paralelas.
- Polibio. Historias, libro VIII.
- Vitruvio. De architectura, libro IX.
- Cicerón. Disputaciones tusculanas, libro V.
Estudios modernos recomendados
- Netz, Reviel & Noel, William. The Archimedes Codex. Da Capo Press, 2007.
- Dijksterhuis, E. J. Archimedes. Princeton University Press, 1987 (edición revisada).
- Stein, Sherman. Archimedes: What Did He Do Besides Cry Eureka? Mathematical Association of America, 1999.
- Simms, Dennis L. Archimedes the Engineer. Mechanical Engineering Publications, 1995.